Seguimos en el Festival de cine de Gijón:

Nos acercamos al final del Festival de Gijón. Este año, como tantos otros, ha habido mucha asistencia, pero se trata de la asistencia a un acto conjunto de películas, secciones y de conciertos que ahora está genial, pero luego la gente no irá al cine normal.

¡Qué podemos decir terminando! Ha habido buenas películas, malas películas y dependencia de falsos mitos como el tema de Alexander Solkurov con su Fausto, León de Oro en Venecia y otro premios y homenajes, pero se trata del anticine más claro, más cutre, más aburrido y más falso pero… 

Ha habido también alguna película interesante, yo diría hasta importante como Vuelo especial de Fernando Melgar porque nos muestra una Suiza muy alejada de lo típico. Centros de internamiento para sin papeles, pero estos sin papeles no son cogidos en la frontera, sino que llevan 10 ó 20 años viviendo en Suiza pagando impuesto y les descubren por casualidad en una cárcel idílica. Los vigilantes son bondadosos, pero la violación de los derechos humanos es vergonzosa, flagrante y echa por los suelos esa imagen idílica de la suiza maravillosa. Y el filme ‘Michael’ de Markus Schleinzer es una salvajada en la línea de Haneke, con el que trabajó. La película trata de un canalle que rapta a un niño para abusar de él y tenerle encerrado y llevar una vida limpia y pulcra. Quizá falle por un final acomodaticio.

Bueno y mañana, los premios y el lunes un resumen. Sólo matizar el infantilismo en algunas cosas de los que dirigen este festival.